viernes, 18 de enero de 2013

Elaborados de Soja Miso

ELABORADOS DE SOJA MISO:
Durante milenios, los orientales se han alimentado con soja, como principal aportación de proteínas. La carne era casi ignorada y a lo sumo, consumían ciertas cantidades de pescado. Porque aquellas civilizaciones tan perfeccionadas, eran conscientes de las riquezas de la soja, que constituía, junto con el arroz, la base de su alimentación. No obstante, hay que señalar que la soja no suele tomarse directamente, sino elaborada en forma de miso y de Tamari, ya que cruda tiene anti-nutrientes que inhiben la tripsina (es una enzima que rompe los enlaces peptídicos de las proteínas). De ahí que generalmente, la soja sea consumida tras un proceso de fermentación, o bien en forma de sus complejas moléculas de proteínas, hidratos de carbono y líquidos (aceites y grasas), se convierten en aminoácidos, azúcares simples y ácidos grasos fácilmente asimilables. El Tofu (queso de soja), leche de soja y muchos otros preparados. La soja tiene un 36% de proteínas de gran calidad. Además de los ocho aminoácidos esenciales, la soja contiene pocas calorías y no contiene colesterol.
Si los gramos de soja se toman directamente, sólo una pequeña porción de sus proteínas es asimilada. En cambio, a través de la fermentación natural, los granos de soja sufren una total transformación bioquímica, gracias a la cual todas sus complejas moléculas de proteínas, hidratos de carbono y líquidos (aceites y grasas), se convierten en aminoácidos, azúcares simples y ácidos grasos fácilmente asimilables.
Por ello, el miso y el Tamari, con su tradicional milenaria, constituyen verdaderos tesoros para el organismo humano que conviene aprovechar, aunque su origen sea muy lejano.

MISO:
El Miso es un alimento obtenido de la fermentación de la soja, a veces en presencia de un cereal. La combinación de las proteínas de la soja, con las proteínas de arroz (blanco o integral) o de la cebada, origina una mayor concentración de 3 aminoácidos complementarios y su mejor asimilación. Al propio tiempo el miso contiene precisamente los aminoácidos que faltan en otros alimentos básicos (trigo, arroz, maíz, sésamo), con lo cual el uso conjunto enriquece al organismo, ayuda a la digestión y asimilación de otros alimentos gracias a 4 agentes digestivos: Enzimas naturales, lactobacilos, levaduras resistentes a la sal, los mohos y otros microorganismos que tras largos periodos de fermentación, prosiguen su acción en los intestinos donde desmenuzan o digieren proteínas complejas, hidratos de carbono y grasas, haciéndolas más asimilables.
Ésta es la gran sabiduría de la alimentación tradicional, que en el mundo moderno aprovecha sólo parcialmente al dar importancia sólo a uno de los elementos, el yogur y otros productos fermentados, sin reparar en la importancia del equilibrio que éstos deben guardar con otros alimentos como cereales y verduras.
El Miso contiene sólo un 5% de aceites naturales insaturados, ricos en lecitina y ácido linoleico y que ayudan justamente a eliminar el colesterol y otros ácidos grasos del sistema circulatorio. Es bajo en calorías, por lo que resulta muy indicado en dietas de adelgazamiento.
Los productos vegetales suelen tener dosis bajas de vitamina B-12. No es así, sin embargo, en los misos y algunas algas marinas que contienen tasas superiores,  incluso a las necesidades del organismo humano.
El Miso alcaliniza la sangre, condición muy importante para que el cuerpo sea resistente a las enfermedades, tenga el sistema nervioso despierto, pero sin excitación, y no se experimente sensación de cansancio. También se ha demostrado que ayuda a eliminar los residuos de nicotina y de polución ambiental. A éste respecto, conviene recordar que cuando tuvo lugar la explosión de la bomba de Nagasaki, el Dr.Akizuki y sus colaboradores no sufrieron los efectos de la radioactividad, a pesar de haber estado trabajando durante dos años en un hospital, al cuidado de los afectados por la terrible arma atómica. Ellos lo atribuyeron a haber tomado durante años sopa de miso. En 1972, un grupo de científicos japoneses descubrieron que el miso contiene una sustancia a la que denominaron Zybicolin, que absorbe y elimina los elementos radioactivos que invaden el cuerpo humano.
Son muy importantes los procesos de elaboración de los productos alimenticios, que como el miso requieren una gran delicadeza, pero que al propio tiempo permiten la introducción de nefastas adulteraciones. Hay misos fermentados a los pocos meses, e incuso durante unos breves días, acelerando el proceso con la aportación del calor. Además se añaden conservantes más cómodos que la pasteurización. Todo ello da como resultado un producto desnaturalizado y carente de las ricas propiedades del auténtico miso.
De entre los muchos tipos de miso, se ofrecen cuatro de larga tradición:
Kome Miso, Genmai Miso, Mugi Miso y Hatcho Miso.


CÓMO CONSUMIR MISO:
El Miso se toma sobre todo en forma de sopa de verduras o de algas marinas (espe- cialmente de Wakame o de Kombu). Las verduras pueden ser hojas (col, judías verdes, coliflor...), o raíces (nabo, daikon, cebolla, zanahoria, rabanitos...), o la combinación de todas ellas. El Miso se disuelve en el caldo en el último momento, dejándolo hervir sólo medio minuto (si se sobrepasa éste tiempo, se pierde gran parte de su riqueza nutritiva).
Para darle más aroma, se pueden añadir unas gotas de jugo de naranja o de limón, o la corteza de éstos frutos.
Para combatir el frió de invierno, se toma el miso muy caliente con una punta de jenjibre, que dispersará un agradable calor por todo el cuerpo.
En toda taza de miso, debería haber un poco de cebollita o perejil cortados a trocitos.
Utilizado como paté sobre el pan, puede mezclarse con tahín, manteca de cacahuete o pasta de queso.
Para salsas de ensalada, se mezcla con vinagre, aceite y alguna especia.También sirve de condimento para sopa añadiéndolo al final de su cocción para que no pierda su efecto.

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