miércoles, 30 de enero de 2013

AHORA


Mañana lograré aquello, el martes alcanzaré mi meta, el sábado seré feliz…
¿Cuántas veces hemos pensado que mañana cuando ocurra lo que deseamos seremos más 
felices que hoy?
Vivimos en el mañana, anhelando intensamente el pasado y dejamos escapar el momento presente en el que nos encontramos.

En altibajos constantes y sensación de vacío interno.
Si trabajamos nos quejamos por el trabajo, sino trabajamos nos quejamos porque queremos uno, si vamos hacia un lugar con el coche pensamos “tendría que haber tirado por otro sitio, mira el atasco monumental que hay”…
Nos llenamos la cabeza de preocupaciones, miedos, noticias basura…
Una barbaridad de ruido nos azota ahí arriba, en el cráneo. 
Son los pensamientos de la mente que nos hacen pasar malos ratos y nos hacen sentir frustración.
Sentimos el llamado estrés y lo achacamos al constante movimiento exterior, cuando el principal causante es el movimiento interno.
Cuando tú te sientes bien todo lo que nos envuelve cambia de color y lo vemos todo con otra perspectiva. Al contrario, cuando te sientes mal toda la tristeza de tu interior sale y se refleja en tu día a día.
¡Mi vida es una mierda! ¡No tengo oportunidades! ¡No valgo para nada!

Muchas personas han pensado o sentido alguna de estas frases en lo que llevan recorrido a lo largo de su existencia.
Cuando tú incides siempre en algo, el resultado que obtienes es más de lo mismo. Es importante cambiar el enfoque de las cosas, si queremos dar un nuevo sentido a nuestras vidas. Vale la pena darse cuenta en las veces que herramos diciendo frases pesimistas y cambiarlas por frases positivas, en las que realmente te creas tus propósitos y tengas ilusión por las cosas.
Pienso que el sentirse bien enlaza varios aspectos como: ser positivo y tener buena actitud ante la vida, vivir el momento intensamente como si fuera el último, sentir amor (cuando sientes amor por todo, el dolor no existe), saber perdonar (nos ayuda a avanzar en la vida y nos desprendemos del odio, la rabia o la ira), dejarse llevar como la barca que fluye por el río, ser solidario con alguien que necesita tu ayuda (es un aprendizaje muy satisfactorio y de una gratitud inmensa), no poner resistencias a tu dolor (entender de donde proviene y porque te causa tanto sufrimiento, te ayudará a afrontarlo y a conocerte más), ir en busca de tus objetivos y de todo lo que sueñas (nunca mirando a la meta, sino disfrutando cada paso que das. 
Eso nos hace sentir más felices que el resultado final) y sobretodo ser tu mismo respetando tu entorno. Nada ni nadie es mejor o peor que tú. Cuando todas estas cosas las sientes dentro de ti y las vives, es solo entonces cuando tu brillo hace que seas feliz y que consigas lo que quieres en esta vida.Todos estamos aquí por algo y todos tenemos que aprender algo en esta vida. A veces nos cuesta más tiempo, otras nos tropezamos con la misma piedra una y otra vez. Pasé lo que pasé que salga el sol por donde quiera salir, yo lo recibo con una sonrisa de oreja a oreja.




                                                                                                                                   Yasmina





2 comentarios:

  1. Muy bonito y profundo, y muy cierto también, así como el el amor no se encuentra fuera, sino que empieza dentro de nosotros, la felicidad tenemos que saber verla y crearla.
    besos blogueras

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